Sunday, February 18, 2007

 

LIMPIEZA

Desde hace varias semanas que estoy reordenando mis cosas. Traje unas cuantas de la casa de Pilar, la cual finalmente pude alquilar. Había que seleccionar un montón de ropa personal y blanco después de una lavada; ver que sería utilizado, que se guardaría y que había para dar. De paso también hice una requisa muy concienzuda por mi placard. Luego de que R. eligiera algo para ella y su familia, quedaron dos bolsas grandes que fueron a Caritas y todavía hay dos más que irán a Campana. Es una delicia abrir el placard y encontrar todo ordenadito. Además hay mucho más lugar. Seguí por las mesas de luz y de allí me fui para el consultorio. Allí llené seis bolsas de papeles de todo tipo: resúmenes bancarios, cuentas de luz y gas, análisis, viejas cartas… Se los llevé a mis cartoneros favoritos. Son un tipo flaco de pelo canoso y una nena de unos 11 años. El hombre me cae bien. Tal vez porque se parece al flaco H., montevideano de pura cepa, y sobre todo fiel a sus principios. Tanto que para el casamiento de su hija (muy paquete, con ceremonia religiosa por más que no creen en nada, fiesta con senador incluida) el tío se negó a ser padrino de la boda y a ponerse saco. Se apareció a último momento y “de camisa”. ¡Un ídolo!

Lo de las cartas fue otro tema. Algunas eran de viejos amigos. Había unas cuantas escritas por mí. Después de la separación, H. había llevado unas cuantas cartas que yo le había escrito a la casa de Pilar. Ya ni me acordaba de cuanta pasión había puesto en esa relación. Se ve que estaba realmente enamoradísima. Con eso me explico el porqué de haber aceptado tantos defectos que no hubiera admitido en otra persona; a mis ojos lo hacían más querible. Las tiré todas porque ya no tienen razón de ser.
Había también una especie de carta que me había escrito a mí misma. Creo que en ese momento tendría unos 17 o 18 años. ¡Cuánta tristeza! ¡Cuánta soledad y desesperanza! Me pregunto si esos estados son habituales en los adolescentes o si el mío era uno en particular. Sólo espero que a mis hijos no les haya tocado vivir una situación similar, sin amigos en quien confiar, sin familia por la cual sentirse querida y protegida, ni siquiera algún noviecito como para hacer de cuenta que la vida es linda.

Después vinieron las fotos. No las miré todas. Revisarlas y ordenarlas verdaderamente quedará para otro momento en el cual le dedique por lo menos una semana… A vuelo de pájaro les di una ojeada. Me dieron mucha ternura las de mis hijos chiquitos. Había un montón de B. en la cual se ve claramente que era una nena preciosa. Se las voy a refregar por las narices para que se le vaya el complejo de que era fea, y que yo la veía linda como la lechuza ve lindos a sus pichones solamente porque quiere a sus hijos. De M. también hay muchísimas, sobre todo de cuando era chiquito. También de la época en la que andaba con un “diente 'e lata” y después cuando estuvo de novio con M., una chica encantadora de la cual guardo un muy lindo recuerdo. Después hubo unas cuantas más que pasaron sin pena ni gloria (y sin fotos) hasta que apareció L., mi segunda nuera. Estoy pensando que cuando arregle las fotos les voy a preparar un collage a cada uno de mis hijos. También había fotos de mi primer marido, el papá de mis hijos, y ya no recordaba que cuando era joven tenía muy buena pinta. Había unas cuantas fotos viejas, de familia tomada en un estudio fotográfico, de casamientos y fiestas. Algunas eran de esa época de mi vida en la que seguramente había escrito lo que comenté antes y directamente las tiré. Me reconfortaron otras en las cuales se me ve radiante y feliz.


Siento que la casa ahora respira otro aire. Y estoy segura que se cumple el principio del feng shui (fong shuei, que en chino quiere decir viento y agua) de que el chi no puede circular por donde hay cosas estancadas. De paso estuve ordenando algunas cosillas de acuerdo al “mapa bagua” y espero que esos aspectos de mi vida comiencen a moverse rumbo a bienestar y tranquilidad.
Hablando de chinos, hoy comienza el nuevo año chino. Es el año del chancho, que es símbolo de prosperidad basada en el esfuerzo honesto. Ya que nunca juego a la lotería, espero tener suerte en lo que depende de mi esfuerzo personal.
Aunque no sé. Mañana tal vez pase por la agencia de lotería y me fijo si hay un número que simbolice la escoba. Si hay, le juego, nunca se sabe…

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