Sunday, March 04, 2007
comunicación inalámbrica
Era por los 60 y pico.
R. había prometido a su suegra A. que iría a su casa a emprolijar todo el fondo. Para eso había contratado un hombre que le ayudara.
Salió bien temprano de su casa cargando una olla Marmicoc de las grandes llena de chucrut cocido con carne de chancho. A las 8 de la mañana llegó a la casa de A. en Chilavert. El que no apareció fue el hombre contratado. Así que R. puso manos a la obra ella sola. Siempre había sido una mujer que no se achicaba hasta con los trabajos más pesados y duros. Removió escombros y cascotes, desmalezó, podó, punteó tierra para hacer nuevos canteros en los que plantó las plantas que había por ahí, y mil cosas más. Solo interrumpió un ratito al mediodía para comer algo de chucrut junto a unas papas hervidas con cáscara que había cocinado A.
Cuando terminó su labor ya se estaba haciendo de noche, así que A. hizo mate cocido y comieron pan de centeno untado con cebollas rehogadas en grasa de cerdo.
Jamás se le hubiera ocurrido a A. ponderar las tareas que R. había realizado con tanto empeño. Era una mujer adusta que tenía serias dificultades para expresar afecto y ni que hablar del agradecimiento.
Pero cuando se estaban despidiendo dijo: -Sabés, R. ahora voy a esperar media hora antes de irme a dormir. Es el tiempo que tardás en llegar a tu casa y yo voy a estar pensando en vos hasta que llegues.
A. no tenía teléfono, así que no se le podía avisar por ese medio. Pero ella tenía otro tipo de comunicación que era lo único con lo cual supo expresar aunque mínimamente sus sentimientos.
R. había prometido a su suegra A. que iría a su casa a emprolijar todo el fondo. Para eso había contratado un hombre que le ayudara.
Salió bien temprano de su casa cargando una olla Marmicoc de las grandes llena de chucrut cocido con carne de chancho. A las 8 de la mañana llegó a la casa de A. en Chilavert. El que no apareció fue el hombre contratado. Así que R. puso manos a la obra ella sola. Siempre había sido una mujer que no se achicaba hasta con los trabajos más pesados y duros. Removió escombros y cascotes, desmalezó, podó, punteó tierra para hacer nuevos canteros en los que plantó las plantas que había por ahí, y mil cosas más. Solo interrumpió un ratito al mediodía para comer algo de chucrut junto a unas papas hervidas con cáscara que había cocinado A.
Cuando terminó su labor ya se estaba haciendo de noche, así que A. hizo mate cocido y comieron pan de centeno untado con cebollas rehogadas en grasa de cerdo.
Jamás se le hubiera ocurrido a A. ponderar las tareas que R. había realizado con tanto empeño. Era una mujer adusta que tenía serias dificultades para expresar afecto y ni que hablar del agradecimiento.
Pero cuando se estaban despidiendo dijo: -Sabés, R. ahora voy a esperar media hora antes de irme a dormir. Es el tiempo que tardás en llegar a tu casa y yo voy a estar pensando en vos hasta que llegues.
A. no tenía teléfono, así que no se le podía avisar por ese medio. Pero ella tenía otro tipo de comunicación que era lo único con lo cual supo expresar aunque mínimamente sus sentimientos.
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