Friday, November 03, 2006

 

ENANOS DE JARDÍN

Cuando llegué a casa de mamá me tenía preparada una sorpresa. ¡Y qué sorpresa! Ya me había adelantado por teléfono que este año tenía algo muy especial para regalarme para mi cumpleaños.
Enseguida de llegada, me llevó a ver que había mandado reparar unos enanos de jardín que tenían muchísimos años. Uno, el primero, había sido un regalo que mi abuelo materno les había hecho para la Navidad de hace exactamente 60 años. Él mismo lo había llevado en tranvía desde el negocio donde lo compró hasta la casa de mis padres. El segundo fue un regalo que hicieron mis padres a mi abuela paterna por lo encantada que había quedado del número uno, y había sido exactamente igual.
Número uno había tenido una vida agitada. Primero había sido atropellado por un perro y se había partido en muchos pedazos. Un hermano de mamá lo reparó y para disimular un remiendo le adosó un pequeño cinturón sobre el dorso de su chaqueta y además le hizo una base más alta y pesada para que no pudiera volver a caerse. Luego se le había quebrado un brazo que reparó papá. Había sido repintado muchas veces. Tanto él como número dos estuvieron relegados a algún rincón escondido en los últimos años realmente muy maltrechos.
Mamá había encargado a un señor al que yo le puse el título de “reparador de enanos de jardín” que los acondicionara. Por cierto que este buen hombre se dio bastante maña para reparar brazos rotos, pipas y puntas de caperuzas partidos. Luego, ay! vino la pintura. Le pusieron lo que había y quedaron con unas chaquetas de un “verdecito” para mí indefinido, pero que suelo ver en los cercos y las aberturas de las casas de los alemanes que viven en nuestro país. Las calzas amarillo huevo y ¡horror!, las caras y las barbas pintadas de un rosa uniforme en el cual se veían dos puntos marrones que significarían los ojos.
“Este es tu regalo de cumpleaños!” me dijo mamá encantada. Era tal mi espanto que tuve que hacer esfuerzo para que no se reflejara en mi cara. Creo que lo logré, porque siguió contándome toda la historia de los venerables enanos.
Tengo el recuerdo de ese enano en los patios y jardines de mi infancia. Yo siempre lo miraba con respeto, puesto que me habían enseñado que era una persona mayor. En esa época y en mi familia cualquier adulto debía ser respetado por los niños y jamás se iba a decir en presencia de éstos alguna crítica sobre aquellos. Me gustaban sus vivos colores y su capucha puntiaguda.
Cuando crecí mis gustos cambiaron y los enanos de jardín y toda la fauna que los acompaña me resultaron siempre insoportablemente cursi. Y ahora me tenía que llevar uno a mi casa! Mamá hasta quería de me llevara los dos! Tenía pocas opciones: decirle claramente que no me llevaría esa porquería, lo cual creí terriblemente cruel hacia una anciana, o resignarme a mi suerte y por lo menos hermosearlo un poco. Luego comenzamos a inspeccionar el trabajo de reparación y aproveché la oportunidad para hacerle saber que tenían una falta de expresión total y que habría que pintarles las barbas por lo menos de blanco. Como todavía estaban todos los tarritos de pintura, al rato estaba calzada con un delantal de trabajo poniendo cara de pintora artística. De a poquito empezaron a tener pelos, cejas y barbas como corresponde a su dignidad de enanos, que no sé por qué extraña razón siempre son canosos y barbudos. Repinté por aquí y por allá los lugares desprolijos, y el lunes a la mañana fui a comprar pintura verde oscura para las chaquetas y además las calzas quedaron de color ocre. Ya que era imposible no llevarlo, por lo menos que no fuera tan horrible.
Mientras hacía el trabajo hasta llegué a encariñarme un poco con ellos. Pensaba divertida en las reacciones que tendría mi familia. Mi hija iba a poner cara de espanto y luego se iba a reír abiertamente de mí. Mi hijo se iba a reír más disimuladamente al principio y mirarme con una cara mezcla de burla y cariño o tal vez reír descaradamente.
Pero atentos mis vástagos! Los enanos revivieron, tal faraones luego de ser embalsamados, a una nueva vida. Después de 60 años de historia familiar siguen firmes con sus cuerpitos de cemento esperando otros 60 años más. Y para vuestra tranquilidad hay dos: uno en mi balcón y el otro en el jardín de la abuela. Así que dentro de algunos años tendrán un hermoso regalo de Navidad!
No sé cual será más adelante su destino. Tal vez vayan a parar a alguna baulera para ser luego olvidados en alguna mudanza, o tal vez se rompan en algún accidente y serán escombros o tal vez sigan cumpliendo durante algunos años más su destino de grandeza de ser custodios de jardines antiguos y de las fantasías de algún niño soñador.

Comments:
Hola, ilsebe!
Qué bonito es tu lugar en el cibermundo!
Lo del enano es atroz, y qué buena la experiencia de haberte amigado con él a medida que lo ibas transformando en alguien más agradable.
 
queremos más!
 
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