Monday, January 08, 2007

 

Carteros eran los de antes

Cuando me dirigía al trabajo hoy a la mañana pasé, como todos los días, frente al correo. Allí estaban varios carteros listos a partir con sus bolsos rebosantes de correspondencia. Uno de ellos salió en la misma dirección en que yo iba y me dio la oportunidad de curiosear lo que sobresalía por encima del borde de su inmenso bolsón: folletería, resúmenes bancarios, sobres muy formales y algunos eran todos iguales (se ve que serían de alguna promoción).

Me acordé del cartero que conocí en mi infancia. Vivíamos en Florida, en un barrio de chalecitos bajos con jardines y el cartero recorría su zona en una bicicleta. “Vino el cartero” era una frase prometedora de novedades, de estampillas coloridas, en fin, de algo entretenido. Llegaban cartas de los familiares residentes en el interior y de los parientes y amigos de Europa. Cada una era una promesa de noticias de lugares desconocidos, cada cual tenía su olor particular que estaría dado por la tinta o el tipo de papel del que me acuerdo hasta hoy. Y si el remitente tenía el don de saber describir, te hacía vivir esos lugares y situaciones. Claro, no había televisión y uno estaba acostumbrado a “ver” las cosas con la imaginación. A veces traían fotos o alguna postal del lugar.

Para las fiestas llegaban cartas de todos lados a montones. Traían tarjetas de saludos de los que escribían regularmente y de los que cada tanto, o solo para las fiestas. Incluso te llegaban tarjetas de tus amigos que no veías asiduamente, o de una compañera de colegio. Durante varios años recibí tarjetas de C. S. quien fuera el portero Carlitos de mi escuela secundaria. Me escribía muy formalmente “que pase Usted felices fiestas en compañía de su familia”. Sí, así, de usted. Tengo guardada alguna como un tesoro, porque me recuerda que ese mismo señor que escribía con letra chiquita y prolija, era el cómplice que tocaba la campana del recreo unos minutos antes cuando había alguna profesora jodida tomando lección y nadie sabía nada. O que cuando tenía que cerrar la puerta a la mañana y te veía venir te hacía seña para que te apuraras y así zafaras de la media falta por llegar tarde.

Volviendo al cartero, era casi un amigo de la familia. Se lo saludaba cordialmente y en verano siempre había algo fresco para ofrecerle cuando llegaba en las horas de calor. Y para el 24, que en esa época era laboral nomás, inclusive para la administración pública, se lo convidaba con una sidra fresquita y se brindaba con él.

Ya no recibo más cartas personales por correo. Ahora me llegan las cuentas de gas, luz, teléfono, agua, celular y otras yerbas. Solo el banco me manda algo colorido, que son las miles de “ofertas” por ser cliente o tener alguna tarjeta en especial, que si lo comprás en cualquier otro lado te sale más barato. Hasta ellos ya dejaron de desearte "Felices Fiestas". Hasta hace poco tiempo atrás los laboratorios medicinales mandaban alguna tarjeta; incluso algunos pacientes pero que por añosos poco a poco se fueron muriendo.

Ahora, con los amigos nos mandamos cartas y fotos por Internet, nos dejamos mensajes en el contestador o mensajitos de texto en el celular.
La última vez que estuve en casa de mamá me traje una caja de metal que contiene un montón de cartas que mi abuelo escribió en 1910 a su madre mientras estaba haciendo el servicio militar en un lugar alejadísimo. También hay tarjetas postales de todos lados que le enviaban a él. Una verdadera joyita que iré desmenuzando de a poquito como cuando nos comemos algo riquísimo y queremos que nos dure mucho. Tal vez entre ellas esté una postal que él mandó a mi abuela diciendo nos vemos hoy a la tarde a tal hora. Él vivía en el mismo pueblo o en el de al lado; claro, en esa época ni había teléfono.

Me pregunto si los carteros de ahora tienen idea de lo mecanizada que está su profesión. ¿Será lo mismo para ellos entregar una carta comercial que una personal? ¿Tendrán conciencia de que sus antecesores llevaban bolsones cargados de sentimientos y que ahora solo llevan formalidades? Bueno, ellos en general son jóvenes y se reirían de las preocupaciones de una señora como yo.

Comments:
Hola ilsebe. Gracias por pasar por mi blog (dicho sea de paso, cómo llegaste a él?)

Termino de leerlo entero (al tuyo) y me gusta.
En cuanto a este post, está preciosamente contado.
Me hiciste viajar al país de mi infancia. Extraño mucho las cartas, no sólo las que recibía sino las que escribía. Era un momento de comunión. Elegir el papel adecuado, sentir las palabras, evocar emociones y aventuras compartidas, plasmar todo eso en tinta y papel; esperar la respuesta...
Bello
 
Alex, no sé bien cómo llegué a tu blog. Leyendo otros en este navegar errante a través del mar de los blogs en el cual uno te lleva a otros.
Comparto con vos los recuerdos de esas cartas de antes.
 
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