Tuesday, December 25, 2007

 

OAXACA




Llegué un domingo a la mañana después de un camino muy bonito a través de las montañas. (Hasta ahora tengo la impresión de que en Mexico no hay llanuras).
En la terminal tuve que esperar taxi y cuál fue mi sorpresa al ver que mi taxi estaba adornado con cintas de colores. “No hacía falta que me recibieran con tanto festejo!” El taxista me explicó que era su día, por eso estaban todos adornados con colores de acuerdo a la parroquia de pertenencia y se veían a montones alrededor de las iglesias.
Después de dar muchísimas vueltas preguntando “Dime, güey, donde queda…“ a sus colegas, me dejó en el hotel. Sencillo y limpito, tal cual decía mi guía, pero un tanto depre. Dejé mis cosas ayudada por Petronila, la empleada de turno, y me fui a dar una vuelta por la ciudad.

Encontré el Mercado Juarez en donde tomé una horchata en “Aguas de Casilda” y de regreso me metí en cuanto hotel hubiera con pinta agradable y de no ser caro hasta que di con la “Posada del Centro”, un lugar con un patio central lleno de plantas y una fuente de agua, y una galería a la que dan los cuartos. Es una edificación muy antigua y se nota en las paredes que tienen por lo menos 50 cm de ancho. Decidí quedarme allí porque creía que en el otro podría morirme de tristeza y eso no era un final digno para una chica como yo, que se cree una aventurera.

Me gustó mucho el zócalo. Estaba lleno de familias con chicos que jugaban con unos globos tubulares como de 2 metros de largo tirándolos hacia arriba y atrapándolos antes de que cayeran nuevamente. Se pasaban horas con ese juego, porque a la noche, cuando fui a tomarme mi correspondiente margarita, seguían estando...

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