Monday, February 18, 2008

 

cuando el cuerpo habla

Estuve preparando mi cabezota con la idea de viajar por un finde a la costa. Mi amiga A. toma sus vacaciones y estaría encantada de poder compartir un día de playa. De paso la veo un poco a mi vieja... y lo mejor es compartir momentos agradables con amigos y gente copada.
Y se vienen los preparativos. El auto del viejo está terriblemente fuera de punto y además tiene el escape pinchado y hace un ruido infernal... hay que llevarlo al taller... hay que trabajar... hay sesiones extra que no puedo cancelar... hay que... hay que...
El sábado hay que hacer las compras de los vegetales agroecológicos. Las berenjenas están muy buenas y hay que aprovechar para hacerlas en escabeche... los tomates de quinta están buenísimos, dulces y con un sabor y fragancia increíbles por lo que vale la pena y hay que hacer mermelada de tomates después de tantos años... esa otra variedad de pepinos podrían servir para hacerlos agridulces y podría probar, ya que me quedó un poco del líquido que se pone para encurtirlos... hay que lavar y picar el huacatay y el perejil mientras estén fresquitos para guardarlos en el freezer...
Ah! y para los grupos de tabaco hay que planificar si ponemos algún artículo en la página web del hospital... hay que ver qué se encuentra de nuevo para mejorar los tratamientos...
Y un montón de cosas más que están todavía en la lista de espera...

Hace como 30 años, en las clases de gimnasia Irupé decía que había que escuchar al cuerpo y no exigirlo cuando protestaba. Se refería a las exigencias que hacíamos sobre nuestra columna o levantando y acarreando pesos y también al ritmo y profundidad de los ejercicios. Una de las compañeras del grupo, Marta G. que en ese momento era una vieja como yo ahora, decía que no había que hacerle caso a los hayques y pensar más en uno. Me resultaba muy razonable.
Pero solamente eso, razonable. Pensaba muy oronda que lo ponía en práctica todas las veces que pudiera, pero para poder es necesario querer... La noche del sábado al domingo me agarró una pataleta con vómitos y mucho malestar y todo el domingo un decaimiento que no me permitía otra cosa que quedarme en la cama, leer un poco y volver a dormirme. En los momentos de un poco de lucidez aparecían las ideas de como y cuando llevar el auto al taller y cumplir con todo lo que tenía asumido como obligaciones. Deseaba no tener que ocuparme del auto y que me llevara alguien mientras yo fuera descansando durante el viaje. Hasta que me acordé que esa posibilidad existe desde hace rato y compré por teléfono un pasaje en micro, con coche cama y un chofer que manejará por mí. Pero me lo tuvo que decir el cuerpo.

Igual hoy hice la mermelada de tomates que me salió exquisita. Y lo pongo chiquito porque debería haberlos dejado pudrir o regalarlos, pero no pude con mi genio.

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