Saturday, April 18, 2009
ISLA ELEPHANTA
Es uno de los atractivos de los alrededores de Mumbai. Se llega desde el embarcadero que está al lado de la India Gateway (puerta de India) tomando unas lanchitas que ni tienen salvavidas. Pero la gente (nos incluidas) se sube igual.
Así como nosotras miramos asombradas la pinta de la gente, también nosotras éramos bichos raros para ellos.
Igual no dejábamos de asombrarnos de la gente con el pelo pintado color zanahoria, en su mayoría hombres, que nos parecían francamente ridículos.
El viaje dura un poco más de una hora y se llega a un embarcadero en donde hay que pagar una tasa. A partir de ese momento pudimos constatar la sana costumbre que tienen en India de tener precios de entradas muchísimo más económicos para los nacionales, con lo cual esiste la posibilidad de que ellos puedan conocer los monumentos y lugares ligados a su historia cultural.
Luego está la opción de tomar un trencito que va unos 2 km desde el embarcadero hasta donde comienza la cadena de puestitos que venden recuerdos, remeras, joyas, choclos, bastones de caminantes, esculturas en piedra y en madera, comidas diversas… Siguen todo el camino de escaleras que suben hasta la entrada al parque en el que hay unas cuevas con enormes esculturas de piedra calcárea en su interior. Lo asombroso es la antigüedad de esas esculturas que fueron construidas por los primitivos habitantes entre los años 450 y 750.
Los monos dan un espectáculo aparte, confianzudos, divertidos, y a veces se enojan cuando quieren robar una botella de agua a algún visitante…
Las cuevas tienen por sobre todo enormes imágenes de Shiva. Solo con sus tres semblantes, danzando, con su esposa Parvati… También hay lugares con una especie de pequeños monolitos en su interior sobre los cuales la gente ofrenda agua y flores y a veces algunas monedas y aparentemente hacen sus pedidos. Eso sí, para entrar hay que sacarse los zapatos.
Recorrimos todo un tanto apuradas porque no queríamos perder la lancha de regreso. Igual tuvimos tiempo para husmear los bolichitos a la bajada y comprar alguna cosa bonita de recuerdo.
Lo mejor de todo fueron los monos y el recorrido del trencito que hace un ruido infernal pero uno se siente como cuando era chico …
En el viaje de regreso comenzamos a conversar con una gran familia que venían con dos parejitas recién casadas. Las novias tenían 14 años… Estaban emocionados de sacarse fotos con nosotras. Tanto que nos mostraron unas tomadas por fotógrafos antes de subir al barco y nos pidieron sacarse una todos juntos ellos con nosotras al desembarcar.
Esa noche fuimos a comer a un restaurante aparentemente musulmán. La comida era bastante picantita (y eso que pedimos non spiced) pero no vendían bebidas alcohólicas y nos miraron un tanto sorprendidos cuando preguntamos por la cerveza. Al final comimos con mineral water y sparkling water.
Así como nosotras miramos asombradas la pinta de la gente, también nosotras éramos bichos raros para ellos.
Igual no dejábamos de asombrarnos de la gente con el pelo pintado color zanahoria, en su mayoría hombres, que nos parecían francamente ridículos.
El viaje dura un poco más de una hora y se llega a un embarcadero en donde hay que pagar una tasa. A partir de ese momento pudimos constatar la sana costumbre que tienen en India de tener precios de entradas muchísimo más económicos para los nacionales, con lo cual esiste la posibilidad de que ellos puedan conocer los monumentos y lugares ligados a su historia cultural.
Luego está la opción de tomar un trencito que va unos 2 km desde el embarcadero hasta donde comienza la cadena de puestitos que venden recuerdos, remeras, joyas, choclos, bastones de caminantes, esculturas en piedra y en madera, comidas diversas… Siguen todo el camino de escaleras que suben hasta la entrada al parque en el que hay unas cuevas con enormes esculturas de piedra calcárea en su interior. Lo asombroso es la antigüedad de esas esculturas que fueron construidas por los primitivos habitantes entre los años 450 y 750.
Los monos dan un espectáculo aparte, confianzudos, divertidos, y a veces se enojan cuando quieren robar una botella de agua a algún visitante…
Las cuevas tienen por sobre todo enormes imágenes de Shiva. Solo con sus tres semblantes, danzando, con su esposa Parvati… También hay lugares con una especie de pequeños monolitos en su interior sobre los cuales la gente ofrenda agua y flores y a veces algunas monedas y aparentemente hacen sus pedidos. Eso sí, para entrar hay que sacarse los zapatos.
Recorrimos todo un tanto apuradas porque no queríamos perder la lancha de regreso. Igual tuvimos tiempo para husmear los bolichitos a la bajada y comprar alguna cosa bonita de recuerdo.
Lo mejor de todo fueron los monos y el recorrido del trencito que hace un ruido infernal pero uno se siente como cuando era chico …
En el viaje de regreso comenzamos a conversar con una gran familia que venían con dos parejitas recién casadas. Las novias tenían 14 años… Estaban emocionados de sacarse fotos con nosotras. Tanto que nos mostraron unas tomadas por fotógrafos antes de subir al barco y nos pidieron sacarse una todos juntos ellos con nosotras al desembarcar.
Esa noche fuimos a comer a un restaurante aparentemente musulmán. La comida era bastante picantita (y eso que pedimos non spiced) pero no vendían bebidas alcohólicas y nos miraron un tanto sorprendidos cuando preguntamos por la cerveza. Al final comimos con mineral water y sparkling water.
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